OBRAS
SPOTLIGHT STUDIES. LINOLSCHNITT.
Hoy todos actuamos. Posamos, nos retocamos, buscamos el ángulo perfecto para ser vistos.
Uno desea al público (Dancer). El otro desea su reflejo (Narcissus). Uno se mueve por los aplausos. El otro posa por pura autoadmiración. Dos formas de seducirse a uno mismo — ambas peligrosamente efectivas. Pero ambos están bajo la misma luz.
En esta serie, el cuerpo masculino se convierte en un escenario para la autoimagen y la representación. Estas figuras se mueven entre la vanidad y la vulnerabilidad, mostrando cómo la identidad se forma bajo la mirada constante de los demás — y de nosotros mismos.
Tal vez vivimos simplemente en la era de ser observados. Donde cada espejo es un escenario, y cada gesto, una versión editada de nosotros mismos.
Estos linograbados fueron tallados e impresos a mano en una edición limitada en formato A3 de no más de 50 ejemplares. Cada pieza está firmada, numerada y es única.
ERYSICHTHON (I & II). LINOGRABADO.
Erisictonte, en la mitología griega, fue maldito con un hambre eterna. Esa idea me gustó — pero yo le di otro tipo de apetito.
Estos dos linograbados hablan de deseo sin culpa, de hambre sin fin. Un cuerpo se ofrece, abierto y tendido; el otro se alza, exigiendo más. No hay historia, ni habitación, ni rostro — solo forma, y lo que desea.
Lo desnudé todo: el contexto, los detalles, la duda. Lo que queda es el instante antes del primer mordisco.
Un hambre que no necesita explicación ni jusitificación.
Estas dos obras fueron talladas e impresas a mano en una edición A5 limitada a un máximo de 50 ejemplares. Cada pieza está firmada, numerada y es única.
GREEK STATUES SERIES. SERIGRAFÍA.
Este proyecto enfrenta dos extremos: la herencia de la escultura griega y la inmediatez impecable de la inteligencia artificial. Las figuras nacieron como fantasías digitales – cuerpos perfectos, demasiado pulidos, demasiado vacíos. Ahí intervine. Fragmento, distorsiono, reescribo la luz, y finalmente los arrastro al mundo físico a través de la serigrafía.
La serigrafía no es casual: cada punto de trama convierte la ilusión digital en materia tangible. La textura, la imperfección, el grano – son huellas de la mano, rastros que ninguna máquina puede dejar.
La primera serie muestra cuerpos enteros, arrancados de templos y mitos, reencarnados como dioses fluorescentes. La segunda desmiembra: torsos, músculos, piel. Ya no son héroes clásicos, sino mutaciones, cuerpos hipertrofiados como culturistas, atrapados entre la antigüedad y el algoritmo.
Esto va de convertir prompts en impresiones, de devolver carne y sudor a la imagen.
Y me queda una pregunta sin respuesta: ¿qué valor tiene una imagen, cuando la inteligencia artificial puede generar mil en segundos?
Cada pieza forma parte de una tirada exclusiva y reducida – serigrafiada a mano, numerada y firmada.















