Destruir para crear: Linograbado a la reducción
- 18 feb
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Actualizado: 8 mar
Tenía una imagen muy definida en la cabeza, pero no conseguía llevarla al papel con la forma en que había trabajado hasta ahora.
Había trabajado el color. Había superpuesto estampas. Pero esta vez buscaba otra cosa: más profundidad, una interacción real entre las capas. No quería utilizar una matriz distinta para cada tinta. Quería que toda la imagen surgiera de una única plancha de linóleo.
Por eso decidí trabajar con la técnica del linograbado a la reducción, también conocida como técnica de la plancha perdida. Así nació Santiago, mi obra más reciente.

El linograbado a la reducción es un procedimiento dentro del grabado en relieve que permite crear una imagen policroma a partir de una sola matriz. Se imprime primero el color más claro. Después se vacían, mediante la talla, las zonas que deben conservar ese tono. A continuación se entinta de nuevo la misma plancha y se estampa el siguiente color sobre el mismo papel. Luego se vuelve a tallar. Y se vuelve a estampar. El proceso de talla y estampación se repite sucesivamente hasta completar la imagen.
Con cada intervención, la plancha se reduce de forma irreversible. No hay marcha atrás. Una vez eliminada una parte de la matriz, ese estado anterior desaparece para siempre. Al finalizar el proceso, la plancha original prácticamente ha dejado de existir. De ahí el nombre de “plancha perdida”.
En esta obra trabajé sin prensa, estampando cada ejemplar a mano. Eso convierte el registro, es decir, la alineación exacta del papel en cada pasada de color, en un elemento crucial. Un ligero desplazamiento puede transformar por completo el resultado.
No busco, sin embargo, una precisión industrial. Acepto pequeñas variaciones de registro, de uno o dos milímetros. Esa mínima desviación genera una vibración sutil entre las capas de color que me interesa conservar.
Puede que se perciba un leve desajuste en los bordes, alguna huella en el margen o un rastro de tinta donde mi mano ha tocado el papel. No los elimino. Son marcas del proceso. Prueban que la estampa ha sido realizada manualmente, mediante presión directa y contacto físico. Para mí, esa presencia visible forma parte esencial de la obra.
Comencé con el amarillo, el tono más claro. En la técnica de reducción siempre se avanza de claro a oscuro. Después del amarillo estampé un terracota, luego rojo, después azul. El negro fue la quinta y última capa, la que definió la forma final.
Elegí un papel de alto gramaje, quizá demasiado grueso para este procedimiento. Buscaba peso y consistencia, pero cuanto mayor es el gramaje, mayor presión se necesita para que la tinta se transfiera correctamente. Y a mayor presión, mayor riesgo de que el papel se desplace ligeramente durante la estampación.
En el linograbado a la reducción, ese tipo de error es definitivo. No se pueden corregir las capas anteriores. No se puede reajustar la matriz. Una estampa fallida no puede rehacerse.
Muchas no sobrevivieron al proceso, la mayoría, de hecho. Algunas presentaban desplazamientos evidentes de registro. Otras no recibieron la tinta de forma uniforme. En ciertos casos, las capas no dialogaban como debían. Después de horas de talla y estampación, perder una obra por un movimiento mínimo resulta frustrante. Pero precisamente ahí reside el respeto que impone esta técnica.
Finalmente, solo una pequeña parte de la tirada consiguió superar las cinco capas de color. Las estampas que lo lograron tienen una densidad distinta. Los colores no están simplemente superpuestos: interactúan físicamente en la misma superficie. Se construyen unos sobre otros, se afectan, generan una profundidad real.
Más allá de lo técnico, me interesa el principio que sostiene este método: destruir para crear.
Cada corte implica una renuncia. Cada decisión es irreversible. El proceso obliga a asumir la pérdida como parte constitutiva de la obra.
Esta pieza marca una nueva dirección dentro de mi práctica. Me ha exigido precisión técnica, resistencia física y una aceptación consciente del riesgo. La plancha ya no existe. Lo único que permanece son las estampas que consiguieron atravesar todo el proceso.
La obra ya está disponible en mi tienda.













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